El cambio de hora puede producir pequeñas alteraciones de sueño o ansiedad hasta que el cuerpo se habitúe



Se estima que un 30 por ciento de la población sufre la denominada 'depresión otoñal', sobre todo mujeres de entre 25 y 45 años

Retrasar los relojes una hora supone dormir una hora más o tener más tiempo para hacer planes, sin embargo, para algunos la modificación horaria puede suponer más dolores de cabeza o alteraciones de sueño.

Al parecer, este cambio puede hacer que los más susceptibles a las modificaciones horarias, como quienes tienen trastornos de ansiedad o depresión, noten más irritabilidad, cambios de humor, desórdenes alimenticios o disminución de la libido. Aunque las molestias que sienten algunos ciudadanos por el cambio de hora no van asociadas a enfermedades ni edades.

Se estima que un 30 por ciento de la población sufre la denominada 'depresión otoñal' o 'síndrome afectivo estacional'. El cambio de estación es el causante de esa tristeza propia del otoño, la reducción de horas de luz y de la llegada del frío son el origen de este trastorno psicológico que, al parecer, afecta sobre todo a mujeres entre 25 y 45 años.

Al respecto, el presidente de la Sociedad Murciana de Medicina Familiar y Comunitaria (SMUMFYC), Juan de Dios González, afirmó a Europa Press que el cambio de hora de la próxima madrugada puede provocar estas pequeñas alteraciones, aunque "no tiene porque suponer un problema de salud, no hay necesidad de fármacos y es cuestión de dos días de adaptación".

Y es que, remarcó, "las horas de luz en el país siguen siendo muchas, no ocurre como en Islandia donde el número de suicidios por este motivo es el más alto". En dos días, insistió, "ya estamos adaptados y podemos seguir con nuestro ritmo de vida".

En las consultas, añadió Juan de Dios, "no solemos tener pacientes con ningún problema al respecto, aunque sí es cierto que nos comentan que en esos primeros días les cuesta conciliar el sueño o están algo más decaídos".

Los síntomas más frecuentes de esta 'depresión otoñal' suele ser la desmotivación, la sensación de tristeza y la reducción de las habituales energías. Estos irán desapareciendo conforme el organismo se adapte a la nueva situación estacional, aunque puede agravarse con problemas de concentración e irritabilidad, entre otros.

La causa se encuentra en cada uno; dependiendo de la luz existente el cerebro envía órdenes a ciertas hormonas, sobre todo la melatonina, que se encarga de regular el sueño, la temperatura corporal o la sensación de hambre. La producción de melatonina es mayor con la reducción de horas de luz y a la vez disminuye la cantidad de seretonina, otra hormona que tiene que ver con el estado de ánimo.

Se ha comprobado que la melatonina alta provoca una reducción de serotonina, lo que explicaría el bajón anímico que supone el otoño para cualquier persona. El problema se puede agravar si el paciente tiene tendencia a sufrir depresión.

Según los expertos, la mejor manera de evitar estas alteraciones y pasar el bache anímico del otoño es acostumbrarse al nuevo biorritmo e incluso una buena alimentación, sana, ordenada y equilibrada. El hierro, los frutos secos, la vitamina C o tomar un desayuno completo antes de comenzar el día aparte de no dejarse llevar por esa sensación de decaimiento, llevar una vida activa y encontrar nuevos puntos de motivación personal.

Y es que mañana, día 25, último domingo del mes de octubre, finaliza el horario de verano, de tal forma que a las tres de la mañana los relojes deberán ser atrasados sesenta minutos, pasando a ser las 2.00 horas, por lo que ese día tendrá una duración oficial de veinticinco horas.

De acuerdo con la normativa en vigor, el nuevo horario durará hasta el último domingo de marzo de 2010, día 28, en que se realizará el proceso inverso; es decir, a las dos de la mañana los relojes se adelantarán 60 minutos, pasando a marcar las 3. Por tanto, ése día tendrá una duración oficial de veintitrés horas.



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